Autor: Leo Mellado

En principio es un crossover, pero en la realidad luce y se comporta como un buen hatchback de más de 200 caballos de fuerza

Todo está en la X. En Infiniti, la X marca una diferencia importante en el significado y propósito de cada modelo. Diferencia a los automóviles urbanos de los crossovers y SUV, aunque como comprobamos en esta prueba realmente no hay mucho que distinguir.

 

Claro, porque un QX30 no es más que un Q30 sobreelevado unos centímetros, pero, claro, a la mayoría de los chilenos no tiene por qué importarles eso ya que el Q30 de todos modos no está en la oferta de Infiniti en nuestro país. Conociendo la manía que hay por los crossovers, tampoco es de extrañar. Así, además, el modelo es un perfecto primer peldaño en la gama de SUV de la marca, que sigue con los QX50 y QX60 y QX70.

 

Dicho eso, el QX30 existe para complicarle la vida a los Audi Q3, BMW Serie 1 y Mercedes-Benz GLA. Para lograr tal cosa, propone un diseño de líneas musculosas, con un perfil que de crossover tiene lo que este periodista tiene de bueno para la pelota. Nada. Es que el modelo luce y se comporta como un hatcback deportivo muy bien logrado; elegante incluso. Ese pilar C con forma de sigma invertida le da un toque de dinamismo muy llamativo.

 

El frontal está lleno de personalidad, aunque alguno puede encontrar que está algo sobredibujado con hendiduras pliegues y repujados que podrían haberse ahorrado, pero tal vez es la forma que tiene Infiniti de mostrarnos un crossover. Pero no funciona. Ese frontal igual queda bien en un hatch deportivo.

 

Por dentro el interior es igualmente sofisticado y de buena calidad. Las texturas del panel de instrumentos son especialmente agradables al tacto, mientras los asientos están tapizados con una combinación de alcántara en la base y cuero en los bordes, una combinación ideal para los que odian quemarse cuando el cuero queda expuesto al sol.

 

El panel está bien logrado, pero no es especialmente innovador. En tanto, el espacio trasero es suficiente aunque sin exceso, es decir, las rodillas tienen buen espacio para una persona de estatura media y la cabeza entra bien en la altura aunque queda muy cerca del borde superior por causa del techo solar panorámico, que puede dar cierta sensación de agobio.

 

Los sistemas de seguridad abarcan siete airbags, ABS y los esperables sistemas de control de estabilidad electrónico y el asistente de colisión frontal. Lo más especial, sin embargo, el limitador de velocidad ajustable, que pone a este auto un poco al tono de los sistemas de conducción semiautónomos que se usan en las marca premium estos días.

 

En lo dinámico, el Infiniti QX30 es, sobre todo, una plataforma muy estable. Las suspensiones más bien firmes dan seguridad, mientras que el cambio de modo de manejo a Sport produce un muy sensible cambio de respuestas dinámicas.

 

El motor, de 2 litros con turbo y 208 caballos, es poderoso y elástico, mientras que la caja de doble embrague y 7 cambios es rápida y de buen diálogo con el motor. En nuestra prueba, rindió 8,2 km/l, que es bastante menos que los 15,62 km/l que señala el catálogo y, en sí misma, no es una buena marca.

 

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