Autor: Leonardo Pacheco

Para hablar del Z3 es necesario conocer a su antecesor, al 507 de 1955, un Roadster coqueto, elegante y costoso cuyas aerodinámicas líneas son obra del diseñador Albrecht von Goertz. La firma de Múnich recién estaba saliendo de los pesares económicos de la posguerra, y la idea de concebir un deportivo de nicho no fue precisamente la más acertada; ese proyecto por poco le cuesta la bancarrota.

La historia del 507, al que dicho sea de paso lo animaba un bloque V8 de 3,2 litros (150 cv), finalizó cuatro años más tarde y con tan solo 253 unidades producidas, muy lejos de esas 5.000 que se anunciaron como proyección. Así el 507 pasó a la historia pero el tiempo le hizo justicia, porque hoy se trata de uno de automóviles de época más anhelados por los coleccionistas… su precio ronda el millón de euros.

Y cuarenta años después, en 1995, surgió el Z3, para muchos el heredero y continuador del linaje fundado por el 507, un alegre roadster equipado con dos asientos y capota flexible que curiosamente no se fabricaría en Alemania, sino que en Estados Unidos, en la planta de Spartanburg, Carolina del Sur.

Esa inconfundible carrocería en la que destacan las branquias laterales, la proa extensa y la zaga corta, fue diseñada por Joji Nagashima, y al contrario de lo que muchos creen este artista no buscó inspiración en los deportivos japoneses que estaban de moda en esos años, sino que fue directo a la fuente y realizó una reinterpretación del 507.

El Z3 gustó de inmediato, porque más allá de su estampa eran sus cualidades técnicas las que convencieron a los amantes de la deportividad, como la butaca ubicada en el eje trasero, esa propulsión que permitía realizar sobrevirajes controlados y su rebajado centro de gravedad; el nuevo ejemplar tenía todos los ingredientes del 507 y también del Z1, ese malogrado miembro de la familia Z que se estrenó en 1988.

Mensajero del futuro

La primera letra que distingue a este modelo viene del vocablo alemán Zukunft, futuro en español. Y la verdad es que le calza como anillo al dedo puesto que muchos vieron al Z3 como un adelantado a su época, como un mensajero que venía del futuro para anticiparnos el modo en que lucirían los roadster en los años venideros.

Claro que no todo era perfecto, porque las primeras unidades contaban con motores de cuatro cilindros, uno de 1,8 litros que producía 115 cv y otro de 1,9 litros cuya potencia máxima era de 143 cv. No fue la mejor oferta mecánica, así que los ingenieros de BMW no tardaron en dotar al Z3 de recursos mucho más respetables, en la forma de un bloque de seis cilindros que cubicaba 2,8 litros (192 cv) y un extraordinario impulsor de 3,2 litros del que brotaban 321 cv. Todo esto sucedió en 1997, año en el que sale a luz la variante M.

En 1998 la marca decidió que también había espacio para un Z3 Coupé, con techo rígido, y esta variante se mantuvo cuatro años en el line up pero sin sumar muchas unidades, ya que solo se produjeron 18.000, casi nada comparándolas con las 300 mil del roadster.

Volviendo a este último, tuvo su espacio en la pantalla grande, en la cinta Golden Eye de 1995, compartiendo escenario con el agente secreto James Bond… en ese entonces personificado por Pierce Brosnan. Ya estaba claro que el Z3 ocuparía un lugar en el olimpo del motor, pero nada dura para siempre y en 2002 este magnífico descapotable fue sacado del catálogo para darle cabida al Z4.

Actualmente el BMW Z3 Roadster es un deseado youngtimer, un clásico de mediana edad, un ejemplar coleccionable y cuyo valor va en aumento. Se fabricaron muchas unidades, las citadas 300 mil, pero cada vez hay menos de ellas en buenas condiciones y eso es lo que influye en su tasación; y qué decir de las variantes Coupé… son aún más escasas.