Autor: Leo Mellado

La movilidad ha sido fuertemente restringida por causa del covid-19 y por causa de ella la industria el auto ha sido fuertemente golpeada. Pese a ello, las medidas de estímulo que están implementando los diversos gobiernos, acelerarán la implantación de la era de los automóviles eléctricos, llegando a una participación de 4,5% de mercado en 2020 y a 17,5% en 2020.

Así lo muestra el informe “Movilidad después de la crisis del coronavirus: ¿revolución eléctrica adelantada?”, realizado por el área de investigación Next Generation del banco suizo Julius Baer, en el cual, además se prevé un crecimiento positivo de la inversión en movilidad futura.

Además, el cambio en la tecnología hacia autos híbridos y eléctricos y la entrada de varios competidores nuevos resultan en altas necesidades de inversión, sobrecapacidades de fabricación y, por lo tanto, problemas de rentabilidad.

Según Norbert Ruecker, director de Macro e Investigación de Next Generation de Julius Baer, “si bien es poco probable que la crisis del coronavirus traiga cambios duraderos a los patrones de movilidad, es probable que las medidas de estímulo consecuentes aceleren la llegada del mercado masivo de automóviles eléctricos”.

Agrega que “tenemos una visión constructiva sobre el tema de inversión de ‘movilidad futura’ debido a la perspectiva de crecimiento del automóvil eléctrico y porque las valoraciones deberían ver un marcado duradero ‘tema verde’".

De acuerdo al estudio, además la movilidad ha experimentado cambios estructurales en los últimos años a raíz de cambios sociales y tecnológicos. La crisis del coronavirus se ha convertido en un catalizador de este cambio.

El reporte agrega que, como efecto de la crisis, se interrumpieron las cadenas de suministro y cerraron los concesionarios, mientras que los consumidores, debido a la incertidumbre económica y la pérdida de ingresos, redujeron sus gastos. Ya en 2017 el mercado automovilístico había sufrido una recesión mundial que duró más de dos años, ya que las ventas cayeron de sus peaks debido a la saturación del mercado en China, Europa y los Estados Unidos.

Petróleo: ¿un nuevo orden de mercado?

Las restricciones a la movilidad producto de la pandemia derivaron en un efecto negativo en el mercado mundial del petróleo, el cual colapsó y cayó en alrededor de dos tercios respecto de los niveles de principios de abril, producto de las cuarentenas.

De acuerdo al reporte, la demanda de petróleo se mantiene por debajo del 95% del nivel en que estaba antes de la pandemia. El uso de combustible en carretera en general, incluidos los camiones, representa poco más de la mitad de la demanda de petróleo. Sin embargo, la electrificación de los automóviles y vehículos de transporte público, sugiere que los combustible derivados del petróleo está en su meseta y disminuirá antes de lo esperado.  

Según el estudio, la pandemia acelerará la dinámica competitiva en el negocio petrolero, impulsando a que las compañías petroleras privadas se atrevan a incursionar en áreas como la energía limpia, “para generar crecimiento y satisfacer a los inversores”. Para Norbert Ruecker, “el suministro de petróleo seguirá ofreciendo la oportunidad de obtener flujos de efectivo sólidos en los próximos años”

En segundo lugar, los países petroleros y las compañías estatales de ese sector están bajo una mayor presión para ajustar sus negocios a un entorno de ingresos permanentemente más bajos. En última instancia, se trata de un cambio de recursos a tecnología y de productores a usuarios, que tiene un impacto geopolítico más amplio y aumenta los riesgos de temblores relacionados.

En consecuencia, para Julius Baer, la demanda mundial de petróleo posiblemente se estabilizará en alrededor de 105 millones de barriles por día, en comparación con casi 100 millones en niveles previos a la crisis, en los próximos 10-15 años. “El ritmo de declive a partir de entonces depende de la revolución de la movilidad derivada de la adopción generalizada de la conducción autónoma, lo que impulsaría la electrificación”, recalca Ruecker.

En consecuencia, Julius Baer ajusta su pronóstico del precio del petróleo a largo plazo de entre US$50 y US$55 por barril.