Autor: LEO MELLADO

La nueva generación del modelo se adapta perfectamente a los intereses estéticos y de equipamiento que estos días se está demandando en nuestro mercado.
El Volkswagen Tiguan es de esos SUV infaltables. O sea, es de aquellos que cualquiera que quiera tener un modelo de esta categoría debe considerar.
Y como de hecho es posible que así suceda, esta nueva generación del modelo no rompe los moldes establecidos por la que le precedió, ni ningún otro. Esto porque al menos desde el punto de vista de la estética, pero también del equipamiento, es un modelo que busca satisfacer a las grandes mayorías; que se exhibe sin aspavientos ni mayores ambiciones, procurando estar en la intersección de los gustos de todos.
Lo logra, por supuesto, con su frontal horizontal muy simple; perfiles que corren por los costados sin misterio ni novedad y proporciones generales tan cuadradas como poco emocionantes.
Las luces delanteras con ledes y las traseras con efecto 3D le agregan un poco de espontaneidad, sin duda, pero no alcanza para chasconear a este Tiguan, tan formal y caballero.
Eso sí, creció 27 cm en longitud y la distancia entre ejes es 20 cm mayor, con lo que se convierte en uno de los SUV más grandes del segmento. Este aumento de tamaño se explica porque puede albergar hasta tres filas de asientos, según la versión. Los cinco asientos traseros son abatibles individualmente, con lo que se consiguen más de 30 configuraciones para maximizar la versatilidad de un habitáculo amplio y bastante confortable.

Esta no es la única novedad interior, pues de hecho todo lo demás es distinto. El tablero tiene formas discretas y trazos afilados, pero con una puesta en escena muy tradicional. La selección de materiales es muy buena, con vestiduras internas sobresalientes, agradable tacto de los mandos, de la pantalla y de los revestimientos de asientos, puertas y techo. El nivel de ensamble es perfecto.
El equipamiento de la versión probada (TSI Highline) destaca por su sistema de infoentretenimiento muy completo, con sensor de proximidad, gráficos atractivos, pantalla táctil de 8 pulgadas, múltiples opciones de conexión y compatibilidad con Android Auto y CarPlay. También tenemos una computadora de viaje con gráficos a color, freno de mano eléctrico, cámara de reversa, sensores de estacionamiento delanteros y traseros, monitoreo de punto ciego, sistema de frenado multicolisión.
Esta variante es de tracción delantera y está propulsada por el motor de 1,4 litros TSI (turbo) de 150 hp y 250 Nm de par, asociado a una transmisión automática de doble embrague de seis cambios (DSG).
La respuesta del tren motor es muy buena. La caja DSG trabaja a un rango de revoluciones que mitiga el retraso del turbo, que tampoco es tan evidente gracias al par disponible desde bajas revoluciones, lo que favorece aceleraciones y adelantos.
De hecho, le llega a sobrar energía, pues si se acelera con el pie a fondo, incluso el control de tracción entra
en acción para mantener el control, y además lo hace de una manera sutil.
La calidad de marcha es otro punto sobresaliente. Su andar es suave, pero no sacrifica las reacciones ágiles ni la sensación de control. Toma curvas con aplomo, se siente estable a altas velocidades y la dirección, aunque se nota bastante asistida, es obediente a nuestras indicaciones.
A nivel conducción es casi premium, aunque con algo más de ruido de la rodadura y del viento a altas velocidades. La suspensión también es más blanda de lo esperado.










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