Autor: LEO MELLADO

La camioneta aporta el estilo propio de la francesa Renault a un vehículo esencialmente japonés. El resultado es positivo.
La Renault Alaskan demuestra hasta qué punto se puede sacar buen partido a la plataforma de otra marca. Claro, porque la camioneta del fabricante francés es en realidad una Nissan NP300 adaptada al estilo de Renault. Y solo para fines informativos, es la misma que usa Mercedes-Benz en su nueva Clase X.
Dicho eso, es muy fácil ver qué partes de esta camioneta son puramente Renault y qué partes son Nissan. Claramente el frontal, con la máscara y el parachoques incluido, es de formas clásicamente francesas, con esas luces de carácter en forma de C en la parte baja como firma propia de Renault.
Por otra parte, desde el parabrisas hacia atrás todo es de concepción japonesa, ya que son prácticamente idénticas a la NP300.
Así, calcomanías más o detalles menos, la Alaskan debe mucho a los diseñadores nipones, de manera que la identidad de Renault termina diluyéndose un poco, rindiéndose a un diseño que en todo caso está bien logrado.
Lo mismo pasa en el interior. Las líneas del panel de instrumentos, de la consola central y del área de la guantera son, salvo por algún detalle, virtualmente idénticos a la camioneta de Nissan. Tal cosa no tiene nada de malo y, por el contrario, el usuario debería entenderlo como una garantía de que el vehículo está archiprobado.

También es garantía de que está bien montado. Los ajustes son correctos, mientras que la materialidad es simple, pero bien fabricada.
La ergonomía está bien lograda en general. En el ejemplar probado gozamos con un inesperado ajuste eléctrico para el asiento del conductor, mientras que el espacio en los asientos traseros es excelente, aunque pena que los respaldos sean demasiado verticales.
El interior también cuenta con un sistema multimedia efectivo, pero su facilidad de uso depende demasiado del enlace vocal. Una pantalla táctil todavía es más intuitiva y no sabemos por qué no se optó por esta solución.
La caja de carga es bien cuadrada y de paredes elevadas. Como todas las camionetas que aspiran a ser premium, tiene cáncamos internos en la caja, que son más incómodos y menos útiles que si estuvieran por  fuera, pero al quedar ocultos hacen que la camioneta luzca mejor.
El motor es diésel, de 2,3 litros y de 160 caballos de fuerza. La caja de cambios es manual de 6 marchas, algo tosca en su manipulación. Aunque es un conjunto que asegura fuerza más que suficiente, es ruidoso para el estándar de vehículos diésel modernos, aunque seguramente no lo es más que el de la Nissan. Como opción, también hay una caja automática.

Un apunte interesante: la mayor virtud mecánica de la Alaskan es su suspensión trasera. Por fin un fabricante que no sea SsangYong se decidió a eliminar los resortes de ballestas y reemplazarlos por espirales.
Gracias a eso, la camioneta es más estable en la cola y menos brutal cuando va descargada. No por eso es un vehículo blando, por cierto, pero en el ambiente urbano es más llevadero.
Y para los que les gusta el offroad, la Alaskan tiene un muy efectivo sistema de tracción en las cuatro ruedas, con reductora y todo. Se manipula de manera muy simple con una perilla
en la consola. Así, además de ser un competente vehículo de trabajo, la Renault Alaskan puede ser una fiel compañera de aventuras.






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