Autor: LEO MELLADO

Este sedán checo puede vérselas de igual a igual con cualquiera de su tamaño y, acaso, con varios que se las dan de más linajudos.
Directo al grano: tras manejar el Skoda Superb, la conclusión es que el Volkswagen Passat resulta redundante. Tal vez por eso este último no se ofrece en Chile.
Es que aparte de compartir plataforma y componentes mecánicos, este modelo checo representa un salto de calidad enorme si se lo compara con los Skoda de mediados de los años 90, cuando parecían Ladas bien enchulados.
De hecho, este Superb es un claro ejemplo de buen hacer, especialmente en el interior, donde la decoración es sobria, pero estupendamente bien terminada y sin aspavientos innecesarios. Algunos podrían alegar que el tablero de instrumentos carece de vuelos imaginativos, pero por otro lado, su realización es tan buena que se puede soslayar que el diseño sea un poco aburrido.
Por cierto, el conductor y su acompañante van perfectamente y no cabría esperar otra cosa; no obstante, el habitáculo se ve favorecido por una distancia entre ejes de 2,84 metros, lo que permite unas plazas traseras casi de limusina, con un espacio para las piernas enorme. La altura disponible también es elevada, mientras que la anchura es adecuada para que viajen dos adultos, pues la plaza central es pequeña, además de dura e incómoda.
El tercer volumen de este sedán está formado por un maletero donde caben 610 litros (es incluso más grande que el del Passat). Además, tiene unas formas regulares y una boca amplia que se abre al estilo de los hatchbacks; es decir, el portón incluye la luneta trasera. Además, se puede abrir eléctricamente. Y todavía no hablamos del exterior.
Se trata de un diseño evidentemente conservador, adulto y sin riesgos. La audacia de las formas se reduce al sutil perfil del centro capó que también le da cierta gracia a una parrilla delantera, que de otra manera habría sido casi completamente rectangular.
Un par de perfiles le dan fuerza a los costados, mientras que la popa sirve de conclusión natural a un diseño donde la efectividad quedó muy por encima de la innovación.
En Chile se ofrece con dos motores. El de entrada es el gasolinero de 1,8 litros TSI de 180 caballos, mientras que el tope de línea es un diésel de 2 litros con 190 cv asociado a una caja de cambios automática de 6 cambios.
El Superb no permite que los pasajeros se den cuenta de que van a bordo de un auto petrolero, pues el clásico ronroneo de estas maquinarias casi no se escucha. Además, es bastante económico, con rendimientos que sin dificultad rondan los 15 a 17 km/l. 
En el manejo, el Skoda Superb es agradable. Tiene una dirección precisa y el cambio de marchas es suave. Posee un comportamiento muy bueno, tanto en autopista como en vías secundarias, donde destaca por su agilidad y por balancear poco.
Un arsenal de 6 airbags, control de estabilidad electrónico y frenos ABS es complementado en el ítem de seguridad por otros más avanzados como el Control Adaptativo de Chasis (DCC) asociado al Driving Mode Select. Se trata de un asistente que permite que el modelo se adapte a las condiciones de la ruta y estilo de manejo. Así también, cuenta con el sistema de Control Crucero Adaptativo, que regula la velocidad sin interferencia del conductor. Con este sistema, el auto puede sostener una velocidad y frenar si es que un vehículo se pone por delante.















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