Autor: LEO MELLADO

Nombre usted una cosa y seguro que al Edsel le fallaba. Esto y el poco compromiso de la dirección de Ford de la época significaron que este auto entrara a la historia como un ejemplo de lo que no hay que hacer cuando se desarrolla un auto.
Durante la segunda mitad de 1957 hizo su estreno un modelo que debería haber sido el gran superventas de Ford para 1958: el Edsel. Pero no solo no fue así, sino que entró a la historia como uno de los fracasos más grandes de la industria automovilística.
La intención de Ford era que Edsel fuera una nueva marca con una gama de precios algo mayor que los Ford y algo por debajo de los Mercury, para competir de igual a igual con los Pontiac y Buick de su archirrival General Motors.
Así se crearon dos versiones, pero ahí surgió el primer problema. La segmentación pretendida por la casa del óvalo era poco clara. Al público no le resultaba evidente que los
Edsel fueran un Ford mejorado o un Mercury empobrecido.
Para peor, hubo un cambio de gerentes, de manera que a los nuevos le pareció que los Edsel no merecían ser producidos en una fábrica en particular, sino que se harían en un turno adicional en plantas que ya ensamblaban modelos Ford y Mercury. Obvio, la carga adicional de trabajo ocasionó que los Ford, los Mercury y además los Edsel tuvieran problemas de calidad.

Pero fueron estos últimos los más perjudicados. Cuando el modelo llega a los concesionarios en agosto de 1957, la gente empezó a burlarse del diseño de su trompa. Así que eso, sumado a los problemas de calidad, decepcionaron a los clientes.
La gente se quejaba que el motor tenía fallas, que era ruidoso, que humeaba demasiado, que le fallaban la dirección motriz y la caja de cambios.
Además, que las puertas no cerraban bien, el maletero y el capó no abrían, las baterías se descargaban, la bocina se atascaba, las tapas de ruedas salían volando, la pintura se cuarteaba, los frenos fallaban y los interruptores no podían ser activados ni con la fuerza de tres personas.
Los usuarios alegaban que consumía demasiado en una época en la que ese factor importaba poco. Más encima, su motor era un V8 de 303 caballos, pero su peso de 2 toneladas hacía que el público no lo considerara suficientemente potente.
Los historiadores observan que frente a los 200.000 Edsel planificados para el año-modelo 1958, se vendieron solo 63.000. Pero también indican que el fracaso no fue tan estrepitoso como parece, porque toda la industria cayó ese año entre 20 y 30%, Stephen Pile en “El libro de los fracasos heroicos”, señala que: “Aunque ya fue impopular desde el principio, la popularidad del auto decayó. Un informe comercial de la época comparaba la gráfica de ventas del Edsel con una pista de esquí terriblemente peligrosa. Añadía además que solo se había dado un caso de robo de un Edsel, que se supiera”.

Y como los desastres rara vez vienen solos, la propia Ford le tendió una trampa al Edsel, ya que transformó al Thunderbird de 1958 en un auto de cuatro plazas más ondero (el de 1957 era biplaza). Así, el Edsel empezó a quedarse sin demanda. Aún así se vendió más que el Thunderbird aquel año.
Pero al juntar todo, quedó escrito el epitafio del Edsel. La dirección de Ford simplemente lo dejó caer, cesando su producción.
No es claro determinar el volumen de las pérdidas que ocasionó a Ford el aborto del programa Edsel. Algunas fuentes señalan que alcanzaron unos US$250 millones de la época, pero otras indican que en gran parte fueron amortizadas en otras líneas de producción. Como sea, la revista Time le dedicó un párrafo muy explicativo: “Era un caso típico del auto menos indicado para el mercado menos conveniente en el momento menos oportuno”.  








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