Autor: RENÉ DURNEY C.

Se echaba de menos el modelo superior de la gama de SUV de Mazda. Por eso es que la llegada del nuevo CX-9 había generado cierta expectación, toda vez que es una de las marcas japonesas que mejor posicionamiento ha logrado en Chile.
Y aquí está. Grandote e imponente, con una máscara que subraya la magnitud del auto, cuya longitud supera los cinco metros, tiene un ancho de más de dos y su altura se empina casi hasta el metro y 80 cm.
Conserva los principios estéticos del resto de la gama y, de muchas maneras, luce como un CX-5.
Los interiores inmediatamente dan cuenta de que estamos en un vehículo con actitud premium. Y más vale que lo sea, considerando que la versión probada, la GTX, tiene un precio de lista de $29.990.000.
Las tapicerías son de cuero y la combinación de materiales es de óptima calidad. Cuenta con tres filas
de asientos, o lo que es lo mismo, da cabida a siete pasajeros, cinco van muy cómodos y los de la última fila no tanto, especialmente por el poco espacio disponible para las piernas.

Llama la atención, eso sí, que si la tercera fila va plegada, no hay un cubreequipajes que quite de la vista
las cosas de los amigos de lo ajeno. Las ventanas oscurecidas pueden no bastar.
El panel de instrumentos es bastante convencional, lo que significa que es práctico, pero nada rupturista.
Salvo por el head-up display, por supuesto. Este instrumento proyecta en el parabrisas la velocidad del auto y las alarmas de proximidad en los ángulos ciegos. Tal vez proyecte datos de navegación, si la unidad probada hubiera tenido cargado el programa, pero así como está su utilidad es marginal. También destaca la pantalla táctil en el centro del panel delantero que por otro lado tiene una coloración diferente, que se ve muy elegante. Dicha pantalla también puede operarse con una perilla entre los asientos.
Buena idea. Hay casi de todas las amenidades esperadas, cuenta con el sistema Mazda Connect, que ofrece protocolos alámbricos de conexión, léase USB o Aux, y también los inalámbricos como es el Bluetooth, que nos permite manipular un smartphone para hacer llamadas o reproducir librerías de música almacenadas en él.

El sistema de audio está firmado por Bose, tiene 12 parlantes y su sonido es excelente.
Eso sí, no ofrece interacción con los sistemas Car Play de Apple, o Android Auto, que están tan de moda
estos días. En cuestiones de manejo, siempre hay que tener en mente que este Mazda pesa alrededor de 1,7 toneladas. 
Aún así, sus reacciones no son nada decepcionantes. La aceleración es constante y pareja, y si programamos la opción Sport, la respuesta es mejor.
La dirección, pese a ser eléctrica, no se siente artificial, y aunque el vehículo es largo y ancho, las reacciones son bastante ágiles. En este modo deportivo, el acelerador es más sensible y los regímenes de
revoluciones entre los cambios de la transmisión se hacen en un rango más alto. Pese a su masa, la suspensión no cede significativamente en las curvas y si hay alguna pérdida de adherencia, el sistema AWD funciona correcta y silenciosamente.
La sensación premium, además de estar presente en las formas, el diseño, los interiores, la calidad de marcha y el silencio del rodaje, confirma que Mazda tiene aquí un producto que puede estar a la altura de la competencia de los SUV alemanes.


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