Autor: LEO MELLADO

Equipos a bordo de los actualizados Citroën C-Elysée con motor diésel lucharon por ver hasta dónde podían llegar con un solo estanque. Los resultados son sorprendentes.
La idea de Citroën Chile fue original: demostrar que su recién actualizado C-Elysée con motor de 1,6 litros HDi de 92 caballos es realmente económico. Para eso propuso una competencia de regularidad entre Santiago y Bahía Inglesa, pasando por Copiapó.
No era un desafío sencillo. Los organizadores esperaban que recorriéramos más de 1.000 km sin repostar combustible, pero asegurándose de que lográramos tiempos mínimos de viaje entre varios puntos de control en la ruta.
En todo caso divertido, el desafío obligó a hacer uso de toda clase de trucos para consumir menos. Lo
complejo es tratar de superar lo indicado por la homologación, según la cual en ambiente extraurbano este motor permite 26,4 km/l.

Primera observación: con el estanque de 50 litros lleno hasta el corte automático del surtidor, una vez que
se enciende el motor el computador de viaje indica inmediatamente una autonomía de 700 km. Mal. Con eso no se llega a la meta. Pero a los pocos minutos y ya en movimiento, el sistema recalcula y alarga el alcance hasta los 1.000 km. Justo lo que se necesita. Ya en la carretera, hay que echar mano de todo lo que se sepa para consumir menos, excepto manejar demasiado lento porque eso significaría una penalización.

O sea, nada de aceleraciones bruscas y pasar las marchas justo antes de las 2.000 rpm (esta versión está equipada con caja manual de 5 marchas), pues este HDi entrega su par máximo a partir de las 1.750.
Luego, ya en velocidad de crucero, hay que controlar el entusiasmo con el acelerador. Como la resistencia
aerodinámica se incrementa por el cuadrado de la velocidad, el consumo se elevaría demasiado por culpa del aire si se va demasiado rápido. Unos 100 km/h y 2.000 vueltas o menos es lo ideal en este C-Elysée.
Uno de los trucos para evitar la resistencia es ponerse detrás de otro vehículo que haga de “rompeolas”.

Aquí, un consejo: siempre es mejor un vehículo grande a uno pequeño y de entre estos últimos, siempre son mejores los buses que los camiones.
Esto porque los camiones pueden ir rápido en carretera plana, pero en una cuesta reducen demasiado su velocidad, perjudicando la regularidad del auto. Los buses tienden, en cambio, a mantener un ritmo más estable y cómodo. Ojo, eso sí, con las turbulencias, pues el auto es sacudido perceptiblemente por la estela aerodinámica del vehículo precedente.
El consumo de alrededor de 20 km/l se eleva hasta los 35 km/l (consumo instantáneo) solo por ir tras un bus.

Las cuestas son un problema. Aquí no hay mucho que hacer, porque ante la presión por mantener velocidades mínimas para lograr los tiempos de llegada a los puntos de control, el consumo se va al diablo. Nada dramático, por cierto, porque se piensa que después de cada subida viene una bajada y así se compensa, pero los de espíritu competitivo tienen mucho que lamentar (maldita cuesta Buenos Aires).
En las bajadas, lo sano es poner la quinta y dejar de acelerar. Como en esa circunstancia no hay inyección
de combustible, el computador de viaje indica un consumo instantáneo de 999,9 km/l. El tema es que al
bajar enganchado, la velocidad no se incrementa mucho. Pero resulta que acá lo que importa es ganar velocidad porque así se recorren más kilómetros en menos tiempo.

Por eso la mejor opción es pasar a neutro. Dejar que el auto caiga. El computador pasa a unos 500 km/l hasta que se termina la caída. Si hay suerte se pueden recorrer unos kilometritos a 120 km/h con el puro vuelo. En cuanto al aire acondicionado, mejor llevarlo apagado. Ok, es verdad que en los autos modernos el consumo adicional provocado por el climatizador es marginal, pero acá la victoria puede ser por rendimientos marginales, así que apagado no más. Total, no hacía falta en el frío día del viaje.
Tampoco nada de paradas para comer o ir al baño. Solo pensar en el desperdicio de diésel al apagar y
encender el motor y al acelerarlo de nuevo hasta su ritmo más eficiente produce urticaria.

Como sea, a la llegada a Copiapó, los siete autos que participaban del desafío registraban autonomías restantes de entre 200 y 300 km.
Al día siguiente, la idea era llegar hasta Bahía Inglesa siguiendo una ruta extralarga y que los autos fueran
saliendo de la competencia a medida que agotaran su combustible. A pesar de las vueltas dadas, ninguno quedó botado. Y todos superaron los 1.000 km recorridos sin repostar.
El equipo ganador, que infortunadamente no era de este medio, recorrió 1.022 km y según el computador de viaje todavía podía andar otros 165 km. Y su promedio de consumo fue de 27 km/l, más que lo
indicado por la homologación.

Dicho eso, hay que observar que si bien semejante rendimiento se logró con conductores que entienden cómo estrujar el estanque de un auto y el Citroën C-Elysée cumple claramente con lo que promete, el usuario normal muy probablemente no hará caso de los trucos que se hicieron durante esta competencia, así que deberían esperar un rendimiento inferior.
Pero de todos modos, seguro que llega a Copiapó con un solo estanque.


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