Autor: JAVIERA LASTRA AMAYA

Convivimos tres días con el facelift al que fue sometido el SUV de la firma del óvalo, donde se comprobó que el modelo mantiene las virtudes de un vehículo funcional, agregando mayor conectividad, practicidad y estilo al volante.
El rejuvenecimiento que ha mostrado Ford en el último tiempo queda claro con sus modelos más recientes, pero el desafío más complejo para las marcas de automóviles está cuando se trata de renovar los vehículos, ya que muchos se quedan en promesas de grandes cambios. Sin embargo, esas modificaciones no se reflejan en el producto.
El nuevo Escape demuestra que con delicadas variaciones en estética y equipamiento, se puede lograr el
objetivo de renovación. En el caso del SUV, esto se refleja desde afuera hacia adentro. Comenzando con las modificaciones en su cara, lideradas por su nueva parrilla hexagonal, llamativos focos, líneas definidas en el capó y en los bordes de su silueta, que le aportan un look más fresco.

SIN PERDER EL FOCO
Si bien el nuevo Ford Escape muestra variaciones tanto estéticas como de funcionamiento, mostrando un exterior más juvenil, no olvida su esencia de un vehículo dirigido a las familias. Incluso, puede que con este facelift aporte más a ese foco, sobre todo por las incorporaciones en su habitáculo que definitivamente harán que los traslados sean más prácticos y cómodos para el conductor y los pasajeros.
Es inevitable que la renovación que muestra en el interior no marque una diferencia con su antecesor, no porque el precedente haya sido deficiente –convengamos que Ford siempre mantiene un estándar alto en sus vehículos– sino porque los usuarios agradecerán los pequeños cambios.

Por ejemplo, ya no existe el freno de mano, que en teoría no significa una gran molestia, pero sí es más agradable lidiar con uno eléctrico. Además, en esta renovación se incluye la tercera generación del sistema SYNC, el que saca aplausos gracias a lo simple que es de usar. Tanto la conectividad del teléfono vía bluetooth como la navegación en general contribuyen a facilitarle la vida al conductor, por lo simple que son de utilizar. La habitabilidad es otra de las cualidades del nuevo Escape, sobre todo para quienes viajen en las butacas traseras y más si son niños.
Lo óptimo es trasladar a dos pequeños –para mayor comodidad–, para que cada uno cuente con mesas de apoyo que se desprenden de las butacas delanteras y que le permitirán jugar, dibujar o comer.

Ahora, si en las plazas posteriores se ubican adultos, también irán cómodos, ya que los respaldos pueden ser reclinados, lo que sin duda colabora a tener un viaje más placentero.
Otro punto clave en esta renovación del SUV de Ford es el estacionamiento automático. Sí, leyó bien. Ahora el modelo de la firma del óvalo se ofrece a hacer las maniobras de aparcamiento por usted. Apretando un botón, el vehículo buscará el lugar adecuado para estacionar. Estos sistemas siempre
son un poco engorrosos de utilizar, sin embargo este no fue el caso. Ahora, si no gusta de estas asistencias, también cuenta con sensores y cámara de retroceso.

Con respecto al conjunto motor, la versión de prueba fue la SE 4x4 (tope de línea), que aloja el bloque
EcoBoost de 2 litros que produce 245 hp y 366 Nm de par máximo asociado a una transmisión automática de seis velocidades con levas detrás del volante.
Esta última funciona de manera óptima, no ágil, pero sí entregando buenas respuestas en los cambios de marcha. Además, este equipo entrega un buen andar en las diferentes situaciones que se le impongan, como trayectos suaves y otros más exigentes. Asimismo, la tracción total ayuda a mantener mayor agarre y estabilidad en ruta. Uno de los puntos a destacar es la suspensión, que no traspasa al interior la rudeza que pueda enfrentar en el camino, reflejando la firmeza y solidez que otorga.

El punto bajo se lo lleva el ahorro de combustible, ya que pese a que Ford cuenta con la tecnología EcoBoost en sus motores –que aportan mayor eficiencia–, nuestra versión era a gasolina y no fue
el modelo más económico, arrojando un consumo de 9 km/l en tres días de extensos recorridos dentro de la ciudad.
Las jornadas que compartimos con el nuevo Ford Escape dejan claro que es un SUV que optimizó sus atributos y que aporta con nuevos detalles, sin hacer que olvide su esencia de vehículo familiar. Sin duda, una actualización que ganó en estética y en comodidad para los pasajeros.


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