Autor: LEO MELLADO

El superdeportivo posee chasís y carrocería de fibra de carbono, aerodinámica activa, 647 caballos de potencia y prestaciones de competición.
El nuevo Ford GT es una muestra clara de hasta dónde se puede llegar con los medios actuales. El aspecto, claramente sometido a la función, deja sin habla y sus prestaciones cortan la respiración. El proyecto inicial, conocido con el nombre de Silver, partía de la transformación de un Mustang, pero
era tan cara la mutación que mejor se optó por empezar de cero.
El desarrollo de las versiones de calle y de competición se hizo en paralelo, porque la intención era minimizar las diferencias entre ellas. Lo que tienen en común es una aerodinámica de avión de combate, lo que no podría haber sido de otro modo si lo que se pretendía era tener una velocidad de paso por curva escalofriante y alcanzar casi los 350 km/h.

Por ejemplo, el alerón trasero extensible, que está en proceso de ser patentado, es deformable, pues se modifica aumentando la carga aerodinámica cuando es necesario, pero sin modificar apenas el coeficiente de resistencia al aire (drag). Su funcionamiento depende del modo de conducción elegido e, incluso, actúa como aerofreno cuando se exige una desaceleración fuerte. En la parte delantera, extremadamente baja, hay canalizaciones de aire con lamas que se abren o cierran dependiendo de la posición en que se encuentre el alerón posterior, para conseguir el equilibrio perfecto entre el eje delantero y trasero
del auto.

Ford utilizó fibra de carbono en toda la carrocería, en la célula del habitáculo y en el chasís. Gracias a su bajo peso y elevadísima rigidez, el GT pesa solamente 1.385 kilos. También es muy innovador todo el sistema de suspensiones, con dobles brazos oscilantes de aluminio en cada rueda y un complejo entramado de barras de torsión, amortiguadores adaptativos, muelles y tirantes que actúan de forma
similar a los monoplazas de Fórmula 1. En cuanto al motor, se optó por potenciar uno de la nueva generación EcoBoost, un V6 de 3,5 litros muy compacto, que ayudado por un doble turbocompresor
alcanza la friolera de 647 caballos.

De acuerdo a expertos que han podido probarlo, este GT es un digno sucesor del GT40. Es cierto que, en 2005, Ford ya realizó otro modelo con estas siglas GT, pero hay tantas diferencias entre ambos, que
ni siquiera le mencionan cuando conectan la trayectoria del primer superdeportivo de los sesenta y el actual. Además, viendo las expectativas industriales y comerciales de este GT, es bastante claro que está un escalón por encima en exclusividad.

Esto porque frente a las 4.038 unidades que se fabricaron del GT entre 2005 y 2006, ahora se van a hacer solo 1.000, a razón de 250 anuales y a un precio que parte en Estados Unidos en US$450.000.
Cuando se abrió el primer plazo de solicitudes se recibieron unas 6.800 peticiones, por lo que el proceso de adjudicación no será fácil. Uno de los objetivos de la marca es que el auto llegue a manos de verdaderos apasionados y quede fuera del alcance de especuladores.

NACIDO DE LA RIVALIDAD
Para entender el significado del Ford GT hay que remontarse a 1963, cuando Enzo Ferrari y Henry Ford II estaban a punto de cerrar un acuerdo por el cual la empresa estadounidense compraba la división de vehículos de serie de la italiana, dejando en manos del Commendatore su joya más preciada, la competición. Pero Don Enzo se echó para atrás, lo que no le cayó nada bien a Don Henry, quien buscó la venganza en el terreno donde más le dolería a Ferrari: en las pistas. Los coches de Maranello habían
ganado las legendarias 24 Horas de Le Mans entre 1960 y 1965.
Así que Ford decidió encargar a su equipo la construcción de un deportivo capaz de ganarle a los Ferrari. Así nació el Ford GT40, que se alzó con el triunfo absoluto en Le Mans durante las cuatro ediciones siguientes.
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